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The Bus es un simulador desarrollado por TML-Studios y publicado por Aerosoft, disponible en PC, Xbox Series y PlayStation 5, que propone manejar un colectivo por Berlín en escala 1:1 respetando horarios, paradas y normas de tránsito. No hay trasfondo complejo, no hay urgencia narrativa, no hay nada que salvar más allá de tu puntualidad. La experiencia consiste, básicamente, en abrir puertas, cobrar boletos y avanzar unas cuadras sin cometer un desastre urbano, todo dentro de una ciudad recreada en Unreal Engine 5, con un nivel de detalle que roza lo obsesivo. En un medio donde todo tiende al exceso, The Bus decide que llegar a tiempo ya es suficiente desafío… y, de paso, te hace preguntarte si no siempre lo fue.
INTRODUCCIÓN
The Bus no tiene una historia en el sentido tradicional, y tampoco parece particularmente interesado en tenerla. No hay personajes que evolucionen, conflictos que resolver ni giros narrativos que empujen la experiencia hacia adelante. En su lugar, el juego es un simulador que construye una especie de narrativa implícita, casi involuntaria, basada en la rutina: cumplir horarios, trasladar pasajeros y sostener un recorrido sin errores en una ciudad que sigue su propio ritmo.
Hay algo que podría leerse como “historia”, y es que esto aparece en lo cotidiano, ya que se ve en el pasajero que sube apurado, en el tráfico o en ese momento en el que todo funciona como debería, que en este contexto ya es bastante. Es una narrativa silenciosa, casi invisible, donde el progreso no se mide en eventos memorables sino en la repetición bien ejecutada. Y, curiosamente, ahí encuentra cierto sentido, donde en un medio que suele exagerar todo, The Bus decide que no pase nada… y lo sostiene con bastante convicción.
JUGABILIDAD
La jugabilidad de The Bus gira en torno a replicar, con bastante fidelidad, la rutina de un conductor, o sea, iniciar el vehículo (a veces con más ensayo y error del esperado), seguir un recorrido, detenerse en paradas, gestionar el ingreso de pasajeros y cumplir horarios dentro de una ciudad que intenta sentirse viva.
En la práctica, la experiencia se mueve entre momentos de buena inmersión durante el trayecto (con una conducción tranquila y un entorno que acompaña) y una interfaz poco intuitiva, donde acciones básicas como manejar tickets o incluso arrancar el bus pueden volverse innecesariamente confusas. A eso se suma una falta de consecuencias claras ante errores de conducción, lo que termina diluyendo parte de la tensión que el propio simulador parece querer construir.
Controles
Los controles de The Bus parecen partir de la idea de simular la complejidad real de un autobús… y asegurarse de que el jugador también la sienta. El título fue testeado principalmente en teclado, algo que se entiende rápido cuando uno ve la cantidad de funciones distribuidas en el tablero, que varía según el modelo de bus y convierte cada unidad en una especie de pequeño examen práctico.
En lo esencial, el movimiento responde a lo esperable (ASDW o flechas para desplazarse, espacio para el freno de mano), pero esa base apenas raspa la superficie. El tablero es completamente interactivo, ya sea mediante atajos de teclado o liberando el cursor con click derecho para ir presionando botones uno por uno, como si en lugar de jugar estuvieras intentando no equivocarte en una cabina que no perdona distracciones. Acciones como las luces intermitentes (Q y E), prender las pantallas del bus (con la tecla i), prender el motor (mantener i) o abrir todas las puertas (F11) terminan siendo simples en comparación con el resto.
En joystick la lógica se mantiene, aunque con la limitación obvia de botones, lo que obliga a recurrir a una rueda de funciones que agrupa acciones en un catálogo algo menos directo. Funciona, pero deja la sensación de que principalmente estaba diseñado para jugar con teclado y ratón.
Modos
Tipos de Bus
En The Bus, los distintos tipos de colectivos comparten una base común que deja en claro que, más allá del modelo, hay ciertas obsesiones que el juego no está dispuesto a negociar. Todos incluyen la ya conocida pantalla para operar la venta de tickets, omnipresente y, en cierta forma, protagonista silenciosa de la experiencia. Desde ahí se accede a funciones como llamados de emergencia (peligro, prioritario, normal y de corto alcance) que, al menos por ahora, parecen más una promesa a futuro que una herramienta real, como si el juego quisiera recordarte que algo podría pasar… pero todavía no. La misma pantalla permite configurar opciones generales, activar el modo nocturno o diurno, y cuenta con un curioso “modo sin venta” que, fiel a su nombre, no hace absolutamente nada, salvo el botón de iniciar, que es el que da comienzo a la operación.
A esto se suma el sistema de monedas, presente en todos los buses, con su máquina dispensadora para dar cambio cuando los pasajeros pagan en efectivo, y un sistema de radio que completa el entorno, aunque sin destacarse particularmente. En todos los colectivos también se puede cambiar de asiento, levantarse, salir del vehículo e interactuar con distintos elementos del interior: butacas, botones de parada, puertas y hasta la rampa para personas con discapacidad, en un intento claro de reforzar la sensación de estar dentro de algo más que un simple vehículo.
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Galaxis – Urban
Dentro de esta marca se encuentran variantes como 12M 2D, 12M 3D, 18M 3D y 18M 4D (la mayoría de bus tienen estas mismas variantes de M y D y pueden ser simples, con fuelle, de 2 pisos, etc.), donde la nomenclatura es tan directa como parece: metros de largo y cantidad de puertas. Por ahora, cada marca cuenta con un solo modelo, pero con estas variaciones que buscan cubrir distintas configuraciones. El Galaxis Urban es un bus eléctrico de solo panta baja, y eso se refleja en su tablero principal, donde una pantalla frente al volante muestra información como velocidad, batería, distancia total recorrida, distancia del día, fecha, hora y barras de carga.
A la izquierda se ubica un panel digital dedicado a las luces, con opciones como luces de cruce, estacionamiento, luz del conductor, iluminación interior, calefacción de ventanas y espejos, y control de tracción. A la derecha aparece otro panel digital multifunción, donde se controla prácticamente todo lo demás: inclinación y elevación del colectivo, sistema de puertas, parasoles, aire acondicionado, rampa para discapacitados y las marchas (adelante, neutro y reversa). Cada función tiene su propia lógica, con botones específicos (subir y bajar en el caso de los parasoles, encendido, apagado y modos automáticos para el aire, o abrir, bloquear y cerrar para las puertas), sumado a controles separados para inclinar, elevar y resetear la posición del vehículo. Como si fuera poco, sobre la puerta izquierda del conductor hay un panel adicional con controles como el pantógrafo, la ventanilla del conductor, las luces de emergencia y el freno de estacionamiento.
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Man – Lion City
Personalización
La personalización en The Bus intenta sumar una capa más allá de la conducción, aunque lo hace desde un lugar bastante acotado, como si el juego quisiera darte control… pero no demasiado. Los buses pueden pintarse con diseños como FlashBaseFM o el clásico Default White, además de permitir cambios en las ruedas y en los carteles, incluyendo algunos con el logo de TML, en una decisión que roza lo institucional.
El interior también admite ciertos ajustes mediante elementos misceláneos: latas de gaseosa, comida, lápices tirados, pequeños detalles que buscan dar sensación de uso, aunque a veces parezcan más decorativos que funcionales. A nivel más estructural, se pueden modificar partes como el panel de control, el volante, las puertas del conductor y las butacas, sumando además algunos carteles en el techo.
No es una personalización profunda ni transformadora, pero sí suficiente como para que cada unidad deje de ser completamente idéntica, incluso si, en el fondo, todas terminan haciendo exactamente lo mismo.
PRESENTACIÓN
En el apartado visual y técnico, The Bus se presenta con una ambición evidente, apoyado en gráficos realistas construidos con Unreal Engine 5, pero esa primera impresión no tarda en mostrar sus límites. El juego promete más de lo que puede sostener: las texturas cargan tarde cuando se avanza a cierta velocidad, los FPS caen en situaciones exigentes (como con mucha iluminación o varios pasajeros subiendo al bus) y el rendimiento general termina siendo inestable. Hay tirones innecesarios, una optimización pobre y un desempeño que incluso en configuraciones medias deja la sensación de que algo no termina de encajar.
A esto se suman bugs que rompen parte de la ilusión, como por ejemplo, pasajeros que se chocan entre sí, se traban o quedan detenidos sin razón aparente, y una ausencia casi total de colisiones reales al conducir, permitiendo atravesar autos o personas con el único sonido genérico de algo rompiéndose. Es una simulación que, por momentos, parece olvidar que debería reaccionar a lo que pasa en pantalla. Entre otras cosas, el sonido de la bocina es de mala calidad, y al presionarla dos veces deja de funcionar.
En cuanto al diseño urbano, la recreación de Berlín a escala 1:1 tiene momentos logrados, como la ciudad, es amplia y recorrerla de punta a punta lleva su tiempo, especialmente considerando el tráfico y el clima. Hay presencia de edificios históricos reconocibles, como la Puerta de Brandeburgo, el Reichstag o la torre de televisión de Berlín, aunque algunas zonas todavía se perciben borrosas o poco definidas, como si el nivel de detalle no fuera del todo consistente.
El apartado sonoro, en cambio, se sostiene mejor, ya que el sonido de ambiente es convincente, con murmullos de pasajeros bien logrados y una atmósfera que acompaña la conducción. Hay efectos más genéricos (especialmente en impactos y en la bosina), pero en líneas generales cumple sin sobresalir. La música dentro del bus aporta un plus donde se puede cambiar de estación, ajustar el volumen o directamente apagarla, sumando a esa sensación de rutina controlada. Elementos como la lluvia y el clima refuerzan ese realismo que el juego persigue, incluso si en lo técnico todavía no logra alcanzarlo del todo.
CONCLUSIÓN
El título tiene como aspectos positivos una base que, al menos en intención, es sólida, ya que se ve realista, ofrece buenos gráficos (incluso a pesar de los tirones) y representa muy bien la ciudad de Berlín, no solo en lo visual sino también en su sistema de transporte. Hay un cuidado evidente en cómo se trasladan las rutas, las paradas y la lógica urbana, algo que le da coherencia a la experiencia. El sonido acompaña bien, con un ambiente creíble, y la conducción de los colectivos es uno de sus puntos más firmes, donde responde de manera convincente y transmite esa sensación pesada y controlada que se espera de un vehículo de este tipo, no es espectacular, pero sí consistente, y en un simulador eso ya es bastante.
Sin embargo, esa buena base convive con decisiones y limitaciones que le restan peso al conjunto, como el mapa, aunque amplio y bien construido, se siente algo vacío en términos de vida urbana, ya que hay más autos que peatones, lo que genera una sensación extraña, como si la ciudad estuviera funcionando a medias. La falta de densidad humana no arruina la experiencia, pero sí le quita parte de la credibilidad que el propio juego intenta construir.
En lo técnico, los problemas son más difíciles de ignorar, ya que la optimización es irregular, y obliga incluso a equipos de gama media o alta a bajar la calidad gráfica para mantener una experiencia relativamente estable. Los tirones, las caídas de rendimiento y ciertos errores persistentes terminan afectando la inmersión, especialmente en un juego que depende tanto de la continuidad y la estabilidad. A esto se suma la falta de consecuencias en la conducción en algunos modos, lo que reduce la tensión y deja la simulación en un terreno algo más permisivo de lo que debería.
Por todo esto, el precio de 18.99 USD en Steam (el precio varía según la región) resulta difícil de justificar en su estado actual porque hay una buena idea, una ejecución parcial y momentos donde realmente funciona, no obstante, en consolas su precio es más elevado; teniendo tanto en la PlaySation Store como en Xbox un valor de 39.99 USD. Sin embargo, también deja una sensación constante de que todavía le falta tiempo para consolidarse. Es un simulador que apunta alto, pero que, al menos por ahora, se queda en ese punto intermedio donde lo que hace bien alcanza para interesar, pero no necesariamente para convencer del todo.
The Bus
Simulador de conducción de autobuses en Berlín, cumpliendo rutas, horarios y gestionando pasajeros. Ofrece realismo y detalle, pero sufre de optimización irregular, interfaz confusa y una ciudad amplia que a veces se siente vacía.
Análisis
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Gráficos
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Jugabilidad
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Sonido/Música
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Calidad / Precio
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